La neurociencia aplicada nos ha demostrado que alrededor del 90 % de nuestras decisiones son emocionales, entonces coincidirás conmigo que hoy más que nunca, es necesario e imprescindible formar en competencias emocionales a profesionales y directivos para aumentar la eficacia en las Organizaciones.

Pero quizás te preguntes: ¿Qué es la inteligencia emocional? ¿En qué influye? ¿Y cuál es la mejor manera de fomentarla en el lugar de trabajo?

Según Goleman, la inteligencia emocional es “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”.

Por tanto, ser emocionalmente inteligente nos permite:

  • Tomar conciencia de nuestras emociones.
  • Comprender los sentimientos de los demás.
  • Tolerar las presiones y frustraciones que soportamos en el trabajo.
  • Acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo.
  • Adoptar una actitud empática y social que nos brindará mayores posibilidades de desarrollo personal.
  • Participar, deliberar y convivir con todos desde un ambiente armónico y de paz.

Y por supuesto, que la inteligencia emocional influye en la eficacia organizativa en varias áreas:

  • Contratación y conservación del empleado
  • Desarrollo de talento
  • Trabajo en equipo
  • Compromiso, estado de ánimo y salud del empleado
  • Innovación
  • Productividad
  • Ventas
  • Calidad de servicios y fidelización del Cliente

La buena noticia, tal y como apunta Goleman, es que la inteligencia emocional se puede desarrollar y aprender. Por ello, las organizaciones exitosas llevan años incluyendo dentro de sus planes formativos el estudio de estas habilidades.

Estudios recientes en la materia señalan que los gerentes de empresas que han recibido algún tipo de formación en inteligencia emocional han incrementado la productividad de sus empresas en un 18.1%. Esto no sólo confirma las ventajas del concepto, sino que además desmonta el mito según el cual la gestión de compañías sólo puede llevarse a cabo a través de métodos racionales.

De hecho, los expertos en inteligencia emocional sabemos que es existe nuevo perfil de directivo en el que predominen los siguientes aspectos:

  • Autoconocimiento: conocer y manejar sus propias emociones en el día a día. Esto le ayudará gestionar con mayor acierto las distintas tareas que se proponga.
  • Autocontrol: del mismo modo, debe saber cuáles son los límites de cada emoción y en qué casos es preciso transmitir o generar algunas de ellas.
  • Empatía: el directivo debe ser capaz, sobre todo, de reconocer las emociones en las personas que tiene a cargo y ponerse en su lugar. Ésta es una de las reglas esenciales de la inteligencia emocional.
  • Habilidades sociales: con el tiempo, un líder que aplique la inteligencia emocional desarrollará aptitudes para la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la capacidad para gestionar momentos de crisis y la comunicación eficaz y oportuna.
  • Flexibilidad: el líder rígido e inflexible es una especie en vía de extinción. La idea es fomentar un perfil más propicio a la comprensión y el diálogo.
  • Optimismo: los proyectos sólo tienen éxito si al frente se encuentran personas que crean en la consecución de los objetivos. La inteligencia emocional también consiste en saber transmitir estas actitudes para que se incorporen a la rutina de los grupos.

Hoy en día, ya existen líderes que poseen un alto Coeficiente Emocional(CE)  y son aquellos que saben:

  • Identificar y comprender las emociones de los demás.
  • Identificar y expresar las emociones propias.
  • Manejar las emociones propias e impedir desbordes inoportunos, logrando de este modo un estado de ánimo adecuado para cada situación que se le presente.
  • Se anticipan, ya que al comprender las emociones propias y las de los demás, son capaces de predecir situaciones y adelantarse a conflictos que puedan surgir como consecuencia de la interacción entre las personas y sus distintas emociones.
  • Actúan movido por los sentimientos, logrando así un entorno laboral más adecuado.

¿A cuantos conoces tú?  Desde mi humilde punto de vista vamos avanzando, aunque todavía queda mucho camino por recorrer. Es necesario que se tome conciencia de la importancia de formar en competencias emocionales para tener empresas eficaces y saludables, donde las personas se puedan desarrollar plenament

Montse Taboada

Psicóloga-Coach

 

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